KORNELIA ENDER: UNA CAMPEONA DE NATACIÓN BAJO LA SOMBRA DEL DOPAJE SISTEMÁTICO DE LA RDA
Algunos creen que si la nadadora germano oriental Kornelia Ender hubiera seguido compitiendo habría superado en número de medallas al mismísimo Michael Phelps…otros, que al contrario, podrían haberle quitado algunas de las suyas al descubrirse un posible dopaje.
El caso es que esta alemana, que fue descubierta por casualidad por un cazatalentos durante unas vacaciones familiares aunque ella empezara en la natación por razones terapéuticas para corregir una malformación congénita de la cadera, fue una de las “reinas” de los Juegos Olímpicos de Montreal 76, que muchos centraron únicamente en los hitos de Nadia Comăneci.
Kornelia, cuyo fuerte estaba en su espectacular salida y no menos efectivos giros al acabar cada largo, fue olímpica ya con apenas trece años. Eso ocurrió en los Juegos de Múnich 72, donde se haría con tres medallas de plata. Su país, la RDA, estaba a punto de convertirse en la potencia en natación femenina que explotaría definitivamente en la cita olímpica siguiente y en gran parte gracias a Ender. En Montreal esta nativa de Plauen, entonces Alemania del Este, se convertiría en la primera nadadora en ganar cuatro medallas de oro en unos mismos Juegos Olímpicos -y lo hizo además batiendo el récord del mundo en todas esas pruebas-. Ganó en las finales de 100 m estilo libre, 200 m estilo libre, 100 m mariposa y 4×100 estilos. Sus oros fueron los primeros de una nadadora de Alemania del Este.
Pero es que Kornelia Ender maravilló por haber batido 29 récords mundiales durante su corta carrera, convirtiéndose en la nadadora más prolífica en cuanto a batir récords mundiales se refiere. Es además una de las primeras tres mujeres en habar ganado ocho medallas olímpicas (a todas las citadas hemos de añadir una plata en Montreal 76 en 4×100 estilo libre). Hay más: es recordada por un logro que parece inalcanzable, cuanto menos difícil de realizar: ganar dos oros en apenas 27 minutos.
No todo son alabanzas en su carrera, puesto que una sombra se cierne sobre sus éxitos: la siempre perenne duda de si se lograron gracias al dopaje sistemático que se produjo en el deporte de su país en esos años. Kornelia no perdió ninguna de sus medallas ni de sus récords, pese a los intentos de que así fuera por parte de nadadoras estadounidenses acusando a sus colegas germano orientales de haberse dopado. Nunca se pudo demostrar que Ender se hubiera dopado. No obstante, la propia nadadora se sorprendió del enorme crecimiento de su musculatura (hasta ocho kilos de músculos que aumentó sin haber crecido en estatura). Si fue dopada (bastante probable) ella nunca fue consciente. Los médicos le proporcionaban productos para “regenerarle el cuerpo y recuperarle de los duros entrenamientos”, le decían. Kornelia llegó a creer que el sorprendente crecimiento de su musculatura se debió única y exclusivamente a su entrenamiento riguroso.

No sería hasta pasados años, décadas -fue en 1991- en que algunos entrenadores de la Alemania del Este reconocieron el uso de esteroides anabolizantes en nadadoras, aunque no llegaron a citar el nombre de Kornelia Ender. Pero la propia nadadora sospechaba algo, pues se retiró muy joven (con 17 años) cuando el mismísimo ministro de Deportes y a su vez presidente del Comité Olímpico Nacional Manfred Ewald la expulsó del equipo al negarse ella a tomar un tipo de esteroide. Si fue obligada a tomar sustancias dopantes no es óbice para afirmar que, en cualquier caso, Kornelia era una nadadora natural, tanto en sus brazadas como en la agilidad que demostraba en la piscina. Presumiblemente fue una víctima más del sistema, que usaba a apenas niñas con talento para explotarlas y hacer de ellas campeonas que llevaran el nombre del país a lo más alto.
Su vida personal parece no separarse del olimpismo. Se casó primero con otro campeón olímpico de natación considerado además el mejor espaldista de la historia: Roland Matthes. Él lo había sido ya en los Juegos de 1968 y volvió a serlo en los de Múnich 72, ganando su última medalla (un bronce) en Montreal 76. El matrimonio sumaba entre los dos 16 medallas, ocho de ellas de oro. Llegó a sospechar que se forzó este matrimonio por parte de las autoridades para crear una pareja de campeones. Sea como fuere con el tiempo se divorciaron y Kornelia contrajo un nuevo matrimonio con otro deportista destacado: Steffen Grummt, que había sido decatleta y, como tal, olímpico en los Juegos de Moscú 80, aunque allí no consiguió subirse al podio. Ante el boicot de su país a los Juegos de Los Ángeles 84 quiso seguir compitiendo en unos Juegos Olímpicos, por lo que se pasó al bobsleigh donde, curiosamente, consiguió más éxitos que en su anterior modalidad deportiva, pues obtuvo tres medallas en campeonatos mundiales pero no volvió a ser olímpico.
A principios de 2015 salió a la luz pública un hecho destacable en la vida de Kornelia Ender y de su familia con su ya marido entonces Grummt y sus hijas: su intento de huida de la RDA. Lo curioso es que el padre de Kornelia, un coronel del ejército, se enteró del plan y habría informado a las autoridades. El plan consistía en un viaje de la familia a Hungría de “vacaciones” y desde allí pasar a Occidente. Al descubrirse el plan los Ender-Grummt volvieron a casa, fueron interrogados y vigilados. Pocos días más tarde cayó el Muro de Berlín.
